El estrés es una respuesta natural ante lo que resulta desafiante o amenazante, y en la vida de un niño hay muchos pequeños cambios que lo generan. El problema no es que aparezca, sino que se mantenga: cuando es continuo, o cuando el niño lleva mucho tiempo expuesto a la misma situación, empieza a afectar a nivel emocional, cognitivo y también en otras áreas del desarrollo.
Qué es la somatización
Es un mecanismo de defensa inconsciente: la persona convierte un malestar emocional en un síntoma físico sin pretenderlo y sin darse cuenta de que el origen es psicológico. Aparecen molestias reales para las que no se encuentra explicación médica.
Kleinman y Kleinman lo describieron como la expresión del malestar personal y social a través de quejas físicas que acaban llevando a buscar ayuda médica.
Kleinman y Kleinman, 1986
En la infancia y la juventud se ha documentado una relación entre los trastornos de somatización y factores como el temperamento introvertido con cierto nivel de ansiedad, el acoso escolar, el fracaso académico o los conflictos dentro de la familia.
Cuando lo que falla es el aprendizaje
Hay situaciones que llaman la atención precisamente porque no encajan:
- El trazo estaba controlado y cuidado, y de pronto ese proceso que parecía consolidado se interrumpe: «escribía con buena letra y ahora no es capaz».
- No hay dificultad de aprendizaje ni motora, pero la letra es desordenada, sucia y a veces ilegible.
- Unos días escribe muy bien y otros es un desastre, sin patrón aparente.
- Ha dejado de mantener la atención y las notas han empeorado en varias asignaturas a la vez.
Por qué el cuaderno de caligrafía no funciona
La reacción habitual ante esto es reforzar: cuadernos de caligrafía, clases de apoyo, trabajo extra. Es comprensible, pero se está actuando sobre el síntoma.
De poco sirve incidir directamente sobre la dificultad si lo que la está produciendo sigue intacto. Lo que hay que hacer es lo contrario: mirar primero qué hay dentro, resolver eso, y entonces los objetivos curriculares vuelven a estar al alcance. Antes de intervenir hay que observar los síntomas y sus efectos.
A veces los niños tienen emociones retenidas que los adultos desconocemos, por motivos muy distintos, y se manifiestan de formas que no parecen tener nada que ver: desmotivación, falta de curiosidad, bajo rendimiento, desorden personal y en el trabajo del colegio, comportamiento difícil en casa o en clase, y deterioro de las relaciones con los demás.
Qué hacer con esto
Lo primero es no dar por hecho que se trata de un problema de capacidad o de esfuerzo. Lo segundo, abrir un canal donde el niño pueda contar lo que le pasa sin sentirse juzgado. Ese es exactamente el trabajo que hace el paisaje: darle una figura, el gusano, para señalar algo que por fuera no se ve.
Este contenido forma parte de un método educativo y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Si te preocupa lo que le ocurre a tu hijo, conáctalo con su pediatra o con un psicólogo infantil.
¿Te suena a lo que estás viendo?
Si algo de esto encaja con lo que pasa en tu casa o en tu aula, el método da al niño una manera de contarlo.