Un niño necesita expresar y gestionar sus sentimientos igual que un adulto. La diferencia es que aún no sabe cómo, y aprende mirándonos. Por eso el ejemplo importa tanto: solo desde nuestra propia experiencia podemos orientarles con conocimiento y control de la situación.
El pudor de contar lo que sentimos
Existe cierto pudor a la hora de expresar a los hijos lo que nos pasa. Pensamos que si mostramos nuestra parte vulnerable estamos mostrando debilidad, y que eso es negativo. Así que nos mostramos «fuertes» con la intención de darles seguridad.
Es un error. Abrirse a ellos y hacerles ver que a veces entendemos lo que sienten porque lo hemos vivido igual normaliza la situación. Y esa normalización puede ser un alivio enorme para el dolor, la frustración, el miedo o la duda que estén atravesando. Eso es lo que les hace fuertes y seguros, no vernos impenetrables.
Las emociones que llamamos negativas
La rabia, los celos, el miedo, la envidia. Las consideramos malas y tendemos a taparlas. Se puede hacer otra cosa: presentarlas como una oportunidad de superación y de desarrollo personal.
El recorrido tiene tres pasos:
- ReconocimientoPoner nombre a lo que está ahí, sin disfrazarlo.
- AsimilaciónAceptar que se siente, sin que eso convierta al niño en alguien peor.
- Motivación para el cambioVer que se puede hacer algo con ello.
Así se sustituye la vergüenza por la libertad de desprenderse de eso que hace sentir mal. Y esa libertad es el paso previo a superarlo.
La clave: no sentirse juzgado
Un niño habla cuando se siente respetado y comprendido, no evaluado. El adulto no tiene que estar de acuerdo con lo que siente ni justificarlo: tiene que darle validez y entenderlo.
La meta última es que el diálogo acabe surgiendo solo. Que expresar lo que se siente no sea un momento señalado, sino parte de la vida diaria y de la relación con la familia.
Este contenido forma parte de un método educativo y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Si te preocupa lo que le ocurre a tu hijo, conáctalo con su pediatra o con un psicólogo infantil.
¿Te suena a lo que estás viendo?
Si algo de esto encaja con lo que pasa en tu casa o en tu aula, el método da al niño una manera de contarlo.