La familia es el principal medio socializador del niño: es donde se transmiten y se adquieren los valores y aprendizajes que van a ser sus pilares. El aula, además de enseñar contenidos, continúa esa educación en valores y crea un ambiente de respeto y confianza que invita al niño a expresarse. Por eso la relación entre familia y escuela es tan determinante.
Empieza por la rutina
Puede sonar poco emocional, pero es la base. Instaurar hábitos consiste en repetir un mismo acto, a la misma hora, en el mismo sitio y de la misma manera: preparar la mochila, los hábitos de alimentación, la higiene.
Cuando esos hábitos existen, hay organización. Y la organización da sensación de control, que es justo lo que reduce el estrés. Un niño que sabe lo que viene después tiene menos cosas de las que preocuparse.
Cuida el estrés que proyectas
Intentar llevar una vida ordenada tiene un efecto directo sobre ellos. Las listas para recordar cosas, los menús semanales, el reparto de tareas de casa y la coordinación familiar no son manmaniasiacute;as organizativas: son la manera de no trasladar a los hijos la tensión del día a día.
La conversación diaria
El objetivo es tener todos los días una conversación con ellos y ayudarles a reflexionar: repasar el día, mirar juntos los momentos que hayan podido generar malestar y pensar qué opciones había para evitarlo.
Lo importante no es solo el desahogo. Es enseñarles a percibir esas emociones, a tomar conciencia de ellas y a proponer por sí mismos actividades o tareas con las que reducir la tensión.
- Busca un momento fijo y un lugar tranquilo.
- Que sea corto y sostenible: es mejor diez minutos cada día que una hora un domingo.
- Escucha sin evaluar. Sentirse comprendido y no juzgado es lo que abre la puerta.
- Da validez a lo que siente, aunque a ti te parezca menor.
No todo es malestar
La conversación no se limita a lo que ha ido mal. También sirve para tomar conciencia de otras cosas que sostienen el bienestar del niño: reconocer que ha superado algo y que ha crecido con ello, atender a rutinas que pasan desapercibidas pero aportan mucho, y mantener vivos los proyectos y las ilusiones por conseguir algo nuevo.
Ese es el equilibrio que busca el paisaje: al lado del gusano están siempre las hojas, las manzanas y las flores.
Este contenido forma parte de un método educativo y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Si te preocupa lo que le ocurre a tu hijo, conáctalo con su pediatra o con un psicólogo infantil.
¿Te suena a lo que estás viendo?
Si algo de esto encaja con lo que pasa en tu casa o en tu aula, el método da al niño una manera de contarlo.